En este mare magnum que engloba la palabra “emprendimiento” es difícil, muchas veces, separar la paja del grano. Están las instituciones a las que se le va la fuerza por la boca, está la burocracia que nos quita la fuerza a todos, están los titulares mediáticos que lo hacen todo posible o imposible dependiendo del día, está la política, que mejor no comentar y, en el último rincón, mirando desde lejos a todos los que hablan de ellos están los valientes que son capaces de poner en marcha proyectos reales.

De entre todos estos valientes también hay de todo, pero si tengo que elegir me quedo con lo que venimos llamando desde hace un tiempo “emprendedores sociales”. ¿Y qué significa esto? Esto es que además de querer vivir y ganarse la vida currando en un proyecto propio, además quieren mejorar el mundo que les rodea con sus conocimientos y su esfuerzo y esto, doy fe, es la motivación más potente que un emprendedor puede tener.

Tras algunos años dedicada a este mundillo y mirándolo desde diferentes prismas puedo decir que hay veces que te enamoras de los proyectos, otras que te enamoras de los promotores, a veces de los equipos de personas o de las fundadoras solitarias. Y también hay veces que todo se suma y te enamoras del paquete completo. Cuidado que no estoy hablando de éxito, estoy hablando de admiración y de respeto, estoy hablando de Livit.

Livit es una app nacida del corazón de 7 amigos malagueños que crecieron juntos y que siguen juntos, aunque repartidos por el mundo. Según cuenta siempre David: “Livit nace en una terraza de Sevilla donde tomando una birra miran a su alrededor y se dan cuenta de que hay un grupo de personas mirando el móvil sin hablarse”. Esta sensación que ese día tuvo este grupo de amigos es hoy día una preocupación a nivel internacional, el mal uso de la tecnología, las adicciones, las distracciones, la infoxicación. Parece que la tecnología vino realmente sin libro de instrucciones para inmiscuirse en nuestras vidas hasta que las ha invadido por completo manejándolas a su antojo. El equipo de Livit plantea una app que gamifica el No uso del móvil y sí, resulta paradójico, pero es real y funciona.

Llevo alrededor de medio año viendo al equipo de Livit quedando a deshoras por skype para seguir trabajando en el proyecto, creando excel de tareas que organizan el teletrabajo de cada uno de sus miembros y lo evalúan sin prisa, pero sin pausa. Los veo ilusionarse y me ilusionan, los veo compatibilizarlo con sus respectivos trabajos, los veo amigos, los veo persistir y veo que por el hecho de seguir trabajando juntos ya han triunfado.

Ahora “sólo” queda poner toda la carne en el asador y lanzar Livit por cielo, mar y aire para ayudar a la gente a que sea un poquito más feliz.

María José Romero Aceituno

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